El informe Golden Owl cambia una parte fundamental del relato: hubo organización, reclutamiento, coordinación y planificación. Ahora queda la pregunta más incómoda: ¿quién estaba realmente detrás y qué sabía Marruecos?

Cuando comenzaron a llegar las primeras imágenes de decenas de miles de personas avanzando hacia Ceuta, formulamos una pregunta elemental.

¿Cómo podían desplazarse simultáneamente decenas de miles de personas hacia el mismo lugar, durante las mismas horas, siguiendo rutas determinadas y convencidas de que existía una oportunidad excepcional para cruzar la frontera?

Decíamos entonces que aquello resultaba difícil de interpretar como un fenómeno completamente espontáneo.

No afirmábamos conocer quién estaba detrás.

Pedíamos investigar.

Hoy disponemos de información nueva.

Y esa información modifica sustancialmente el análisis.

Una investigación realizada por Golden Owl, empresa especializada en inteligencia de fuentes abiertas y vinculada al Parque Científico de Alicante, concluye que la entrada multitudinaria en Ceuta de los días 30 y 31 de julio de 2026 no fue simplemente una reacción social espontánea.

Según su análisis, existió una auténtica infraestructura de movilización digital.

Hubo organización.

Hubo reclutamiento.

Hubo instrucciones.

Hubo puntos de encuentro.

Hubo horarios.

Hubo tácticas para cruzar.

Hubo métodos para esconder a quienes coordinaban las operaciones.

Y hubo una estructura capaz de alcanzar a cientos de miles de personas antes de que la multitud apareciera físicamente ante la frontera.

Ahora podemos afirmar algo que hace solamente unos días debía plantearse como hipótesis:

aquella movilización no nació de la casualidad.

Pero también debemos evitar dar un salto que las pruebas todavía no permiten.

Una cosa es demostrar que existió una operación organizada.

Otra muy distinta es demostrar que esa operación fue ordenada por el Estado marroquí.

Y esa segunda prueba todavía no existe públicamente.

El movimiento comenzó mucho antes de llegar a la frontera

La imagen que vimos fue la última fase.

Miles de personas corriendo.

Jóvenes entrando en el agua.

Multitudes aproximándose a Ceuta.

Una frontera desbordada.

Pero, según Golden Owl, la verdadera operación había comenzado días antes dentro de teléfonos móviles, grupos de Facebook, canales privados y servicios de mensajería.

La actividad se intensificó especialmente entre el 24 y el 30 de julio.

Los investigadores analizaron 25 activos de Facebook relacionados con la campaña.

Según el estudio, la superficie pública alcanzaba más de un millón de miembros declarados, aunque eso no significa un millón de personas diferentes, porque muchas cuentas podían pertenecer simultáneamente a varios grupos. El núcleo operativo y los grupos relacionados con coordinación y reclutamiento reunían cientos de miles de miembros.

Estamos ante algo muy diferente de un vídeo viral.

Golden Owl describe tres niveles.

El primero era un núcleo cerrado de coordinación.

Desde allí se emitían convocatorias, se fijaban puntos de reunión y horarios y se discutían métodos de entrada: a pie, nadando o mediante otras rutas.

El segundo nivel consistía en grandes grupos públicos y páginas de Facebook que proporcionaban la audiencia.

Y finalmente existía una tercera capa formada por pequeños reclutadores capaces de crear sus propios grupos de personas y conducirlas hacia la movilización.

La estructura era descentralizada.

Ese detalle es fundamental.

No parece haber existido necesariamente una persona sentada en un despacho dando órdenes a toda la operación.

Funcionaba más bien como una red.

Una marca.

Un objetivo compartido.

Un lenguaje común.

Y cientos de pequeños nodos capaces de movilizar personas independientemente.

Precisamente por eso resultaba difícil de detener.

Incluso seleccionaban a las personas

Existe un detalle especialmente revelador.

El informe identifica procesos de reclutamiento por cupos.

En determinados casos se hablaba de seleccionar números concretos de chicos y chicas para constituir grupos destinados al cruce.

Eso significa que al menos una parte del movimiento no consistió simplemente en que miles de personas vieran una publicación y decidieran presentarse individualmente en Ceuta.

Existieron personas reclutando a otras.

Existieron células.

Existió preparación.

Los organizadores utilizaban además técnicas deliberadas para dificultar su identificación.

Cambios constantes de palabras clave.

Fragmentación de términos mediante signos de puntuación.

Cuentas compartimentadas.

Teléfonos extranjeros.

Enlaces de WhatsApp o Telegram escondidos en comentarios en lugar de aparecer directamente en las publicaciones.

El objetivo era evidente: dificultar la detección automatizada y el seguimiento policial.

Quien adopta medidas para esconder su identidad sabe que puede ser investigado.

Eso no es espontaneidad.

Eso es planificación.

La desesperación existía, pero alguien aprendió a utilizarla

Una de las conclusiones más inteligentes del informe puede resumirse de esta forma:

la desesperación era el combustible, pero no necesariamente el motor.

La frase describe perfectamente lo ocurrido.

Los jóvenes querían emigrar.

Eso es real.

No necesitaban que nadie inventara su frustración.

El desempleo existía.

La falta de perspectivas existía.

El deseo de llegar a Europa existía.

Las desigualdades existían.

Pero una cosa es que decenas de miles de personas quieran marcharse de Marruecos.

Y otra que decenas de miles reciban simultáneamente la impresión de que existe un momento concreto, un lugar determinado y una oportunidad excepcional para hacerlo.

Alguien convirtió una frustración individual en una acción colectiva.

Esa es precisamente la diferencia entre malestar social y movilización organizada.

El negocio detrás de la desesperación

El informe introduce además otro elemento que modifica significativamente el relato inicial.

El principal motor detectado no tendría por qué haber sido exclusivamente político.

También habría existido un importante interés económico.

Golden Owl describe un ecosistema en el que determinadas páginas monetizaban la audiencia mediante publicidad mientras, paralelamente, funcionaba un auténtico mercado relacionado con la inmigración irregular.

Aparecían intermediarios.

Tarifas.

Transporte desde ciudades marroquíes hacia Ceuta.

Reclutamiento de jóvenes.

Incluso mujeres y menores.

Los mismos espacios digitales podían servir simultáneamente para generar audiencia, promocionar desplazamientos y conectar potenciales migrantes con servicios clandestinos.

Eso introduce una posibilidad inquietante.

Tal vez no exista un único cerebro.

Tal vez existan muchos intereses diferentes aprovechando la misma oportunidad.

Traficantes.

Intermediarios.

Creadores de contenidos.

Administradores de comunidades.

Grupos antisistema.

Activistas.

Personas buscando notoriedad.

Y posiblemente otros actores todavía desconocidos.

Todos empujando en la misma dirección aunque sus objetivos fueran distintos.

La consecuencia final fue la misma.

Decenas de miles de personas ante Ceuta.

Una operación horizontal es más peligrosa que una organización tradicional

Nuestra idea tradicional de una operación organizada suele imaginar una estructura vertical.

Un jefe.

Varios subordinados.

Órdenes.

Ejecución.

Pero las redes digitales funcionan de otra manera.

Golden Owl sostiene que la campaña de Ceuta funcionaba horizontalmente.

No necesitaba un comandante único.

Existían símbolos compartidos, lenguaje común, métodos de comunicación, grandes comunidades y múltiples reclutadores capaces de actuar independientemente.

Eso explica una cuestión que parecía incomprensible.

¿Cómo movilizar a semejante cantidad de personas sin descubrir previamente una gran organización?

Precisamente porque quizá no existía una gran organización tradicional.

Existía una red.

Y una red puede ser mucho más difícil de destruir que una organización jerárquica.

Se cierra una página y aparece otra.

Se detiene a un administrador y otros continúan.

Se bloquea una palabra y utilizan otra.

Se elimina un grupo destinado a emigración y los reclutadores se trasladan a grupos sobre empleo, juventud o trabajo en Europa.

Golden Owl ha detectado precisamente ese comportamiento después de los acontecimientos.

Cinco grandes grupos que acumulaban más de 200.000 miembros dejaron de funcionar, probablemente como consecuencia de la actuación policial marroquí.

Pero la actividad no desapareció.

Simplemente se hizo menos visible.

Y aquí aparece nuevamente Marruecos

Todo esto nos devuelve inevitablemente a la pregunta que planteábamos en nuestro artículo anterior.

¿Qué sabía Marruecos?

Porque ahora conocemos algo que antes solamente sospechábamos.

La movilización digital llevaba varios días desarrollándose.

No ocurrió durante quince minutos.

No apareció repentinamente la madrugada del día 30.

Existían grupos enormes.

Existían mensajes.

Existían convocatorias.

Existían desplazamientos desde diferentes ciudades.

Existían reclutadores.

Existían instrucciones.

Si Golden Owl pudo reconstruir buena parte de esa actividad mediante OSINT, es decir, información obtenida fundamentalmente de fuentes abiertas, resulta razonable preguntarse qué conocían los servicios de inteligencia y seguridad marroquíes antes de que se produjera el cruce masivo.

Esta pregunta se vuelve todavía más incómoda porque Marruecos dispone de un poderoso aparato policial y de inteligencia.

No hablamos de un Estado incapaz de controlar su territorio.

Hablamos de uno de los sistemas de seguridad más desarrollados del Magreb.

Por eso continúa sin resultar convincente aceptar simplemente:

“No lo vimos venir”.

Quizá realmente no lo vieron.

Pero entonces existe un formidable fallo de inteligencia.

Quizá lo detectaron y subestimaron.

Entonces existe un grave error de evaluación.

Quizá conocían el movimiento y no lograron detenerlo.

Entonces existe un fracaso operativo.

Y existe una cuarta posibilidad:

que alguien decidiera permitir que la presión creciera.

Eso sería mucho más grave.

Pero esta última hipótesis todavía debe demostrarse.

Lo que el informe NO demuestra

Aquí debemos ser especialmente rigurosos.

Algunos medios han publicado titulares afirmando que Golden Owl habría demostrado que Marruecos organizó el asalto.

Esa afirmación va más allá de lo que permite concluir la investigación.

La propia Golden Owl ha sido explícita posteriormente:

la evidencia disponible no establece que la red estuviera dirigida por un actor estatal.

Esta precisión cambia mucho las cosas.

El informe demuestra organización.

No demuestra dirección gubernamental.

Demuestra una operación deliberada.

No demuestra una orden de Rabat.

Identifica principalmente actores marroquíes y redes operando dentro del ecosistema digital relacionado con Marruecos.

También detecta ciertos indicios vinculados a activos de origen argelino, aunque los propios investigadores advierten de que esos elementos son circunstanciales y no permiten realizar una atribución definitiva.

Por tanto, el titular más preciso no es:

“Marruecos organizó el asalto”.

Es:

“El asalto fue organizado. Ahora hay que determinar quién lo organizó y qué responsabilidad tuvo Marruecos.”

Puede parecer una diferencia semántica.

No lo es.

Es la diferencia entre investigar y acusar.

Y si queremos exigir responsabilidades, debemos ser mucho más rigurosos que aquellos a quienes criticamos.

La noticia que circula hoy mezcla hechos y conclusiones políticas

El artículo difundido este 9 de agosto a través de MSN procede de Moncloa.com y lleva un título categórico: “El informe Golden Owl confirma que el asalto a Ceuta fue un operativo organizado por Marruecos”.

Sin embargo, al comparar ese titular con el contenido del informe y con las declaraciones públicas de Golden Owl aparece una diferencia importante.

El medio interpreta que los indicios apuntan al respaldo de estructuras oficiales marroquíes. Pero esa atribución no está establecida por Golden Owl como hecho probado.

Incluso dentro de la información publicada existen elementos que aconsejan prudencia.

El informe no identifica una institución marroquí concreta.

No identifica una orden gubernamental.

No identifica funcionarios dirigiendo la operación.

No demuestra financiación estatal.

No ofrece una cadena documental que conecte a los coordinadores digitales con el Gobierno marroquí.

Por tanto, presentar el informe como prueba definitiva contra Rabat es precipitado.

Pero eso no significa que Marruecos quede exonerado.

Todo lo contrario.

Ahora Marruecos tiene todavía más que explicar

Antes podíamos preguntarle a Marruecos:

¿Cómo pudieron llegar tantas personas?

Ahora podemos formular preguntas mucho más concretas.

¿Cómo no detectaron una campaña digital que movilizaba comunidades con cientos de miles de miembros?

¿Conocían los grupos?

¿Sabían que circulaban horarios y puntos de encuentro?

¿Detectaron los desplazamientos desde Casablanca, Fez, Agadir y otras regiones?

¿Identificaron previamente a los reclutadores?

¿Cuándo comenzaron a actuar contra esas redes?

¿Por qué algunas páginas desaparecieron solamente después de producirse la entrada masiva?

¿Por qué el dispositivo fronterizo no fue reforzado preventivamente?

¿Qué información recibió España antes del día 30?

¿Qué información compartieron posteriormente?

Y quizá la pregunta más importante:

¿permitieron deliberadamente durante algunas horas que aquella presión alcanzara Ceuta?

No sabemos todavía la respuesta.

Pero ahora sabemos que esas preguntas tienen una base objetiva.

También cambia la responsabilidad española

El informe tampoco puede utilizarse para absolver automáticamente al Gobierno de España.

Si la movilización podía rastrearse digitalmente durante días, también debemos preguntar:

¿Qué detectaron los servicios de inteligencia españoles?

¿Monitorizaba Interior esas comunidades?

¿Recibió España información de Marruecos?

¿Existieron alertas?

¿Por qué Ceuta no estaba preparada para una movilización de semejante volumen?

Demostrar que alguien organizó una crisis no elimina la responsabilidad de quien debía anticiparla.

Un Estado tiene precisamente servicios de inteligencia para detectar amenazas antes de que lleguen físicamente a sus fronteras.

Por tanto, el informe no debería convertirse en munición partidista para Sánchez, Feijóo, Abascal o cualquier otro dirigente.

Debería convertirse en material de investigación.

España necesita saber quién organizó la movilización.

Y también por qué nadie consiguió detenerla.

Los indicios argelinos complican todavía más el tablero

Existe además otro elemento que impide simplificaciones.

Golden Owl ha encontrado determinados marcadores relacionados con redes o activos digitales de procedencia argelina.

Su interpretación provisional es que parece tratarse principalmente de una operación dirigida por marroquíes utilizando parcialmente infraestructuras digitales que podrían tener origen argelino o haber sido recicladas.

Argelia y Marruecos mantienen desde hace años una intensa rivalidad geopolítica.

Eso abre nuevas posibilidades.

Podría existir simplemente reutilización oportunista de comunidades digitales.

Podrían haber participado actores argelinos independientes.

Podrían existir campañas de desinformación.

O podrían ser rastros irrelevantes.

Todavía no lo sabemos.

Pero precisamente por eso sería irresponsable cerrar prematuramente la investigación señalando a un único culpable.

La geopolítica rara vez ofrece explicaciones sencillas.

Y todavía queda una pregunta mayor

Si no fue espontáneo, alguien provocó la concentración.

Si hubo reclutamiento, alguien reclutó.

Si existieron horarios, alguien los fijó.

Si se difundieron rutas, alguien las diseñó.

Si existieron técnicas para ocultar identidades, alguien sabía que estaba organizando algo que podía ser perseguido.

Si participaron cientos de miles de usuarios en grandes comunidades, alguien administraba esas comunidades.

Y si finalmente unas 72.000 personas consiguieron irrumpir en Ceuta durante los días 30 y 31 de julio, debemos averiguar quién obtuvo beneficio económico, político o estratégico de aquella operación.

Ese es ahora el verdadero trabajo.

Seguir el dinero.

Seguir las cuentas.

Seguir los teléfonos.

Seguir las conexiones entre administradores.

Seguir las rutas digitales.

Identificar quién creó las primeras convocatorias.

Determinar quién las amplificó.

Y comprobar si detrás de actores aparentemente privados aparecen finalmente estructuras políticas, criminales o estatales.

Nuestra hipótesis inicial sale reforzada, pero no cerrada

En nuestro primer análisis planteábamos que una movilización de semejante dimensión parecía difícilmente compatible con una explosión completamente espontánea.

Hoy esa intuición tiene respaldo técnico.

Golden Owl describe una operación coordinada, preparada y publicitada mediante una estructura digital distribuida.

Por tanto, la pregunta ya no es:

¿estuvo organizado?

Todo indica que sí.

La pregunta ahora es:

¿quién organizó cada nivel de la operación?

Y después vendrá otra:

¿quién lo sabía y permitió que ocurriera?

Aquí es donde Marruecos deberá responder.

Porque incluso en el escenario más favorable para Rabat —que ningún organismo estatal hubiera participado en la organización— seguiría existiendo una cuestión gravísima.

Una gigantesca infraestructura de reclutamiento funcionó públicamente durante días dentro de su espacio digital.

Miles de personas se desplazaron hacia una frontera extraordinariamente sensible.

Y las autoridades no consiguieron detenerlas antes de que provocaran una de las mayores crisis fronterizas de la historia reciente entre Marruecos y España.

Si desconocían lo que ocurría, fallaron.

Si lo conocían y no pudieron impedirlo, fallaron.

Si lo conocían y no quisieron impedirlo, estaríamos ante algo completamente diferente.

Ese último escenario todavía necesita pruebas.

Pero ya no puede descartarse simplemente con una declaración diplomática.

Y mientras investigamos, siguen estando los muertos

Existe además algo que ninguna investigación digital puede hacernos olvidar.

Entre algoritmos, grupos de Facebook, inteligencia, Marruecos, España, Argelia, mafias y estrategias políticas existen personas.

Jóvenes.

Familias.

Personas que fueron persuadidas de que aquel era el momento adecuado para cruzar.

Algunas no sabían nadar.

Otras recorrieron cientos de kilómetros.

Algunas eran menores.

Y decenas murieron.

Golden Owl ha demostrado que existía una maquinaria capaz de convertir la desesperación en movilización.

Eso hace la tragedia todavía más grave.

Porque significa que alguien comprendió perfectamente la vulnerabilidad de esos jóvenes.

Y supo explotarla.

La investigación acaba de empezar

No debemos cometer ahora el mismo error que criticamos cuando comenzó la crisis.

Entonces algunos afirmaban inmediatamente que todo era espontáneo.

Otros aseguraban inmediatamente que Marruecos lo había organizado.

Ambas conclusiones eran prematuras.

Hoy sabemos bastante más.

No fue espontáneo.

Existió una red.

Existió planificación.

Existieron reclutadores.

Existieron métodos de ocultación.

Existieron intereses económicos.

Existió una infraestructura capaz de movilizar masas.

Pero todavía no conocemos completamente quién estaba detrás.

Eso es exactamente lo que debe investigarse.

Y Marruecos tiene una responsabilidad ineludible en proporcionar respuestas.

España también.

Europa también.

Porque lo ocurrido en Ceuta demuestra algo que probablemente volveremos a ver:

las fronteras del siglo XXI ya no se atacan únicamente con ejércitos.

También pueden presionarse mediante redes sociales, propaganda, desinformación, desesperación económica y movimientos humanos.

Golden Owl lo sitúa dentro del terreno de las amenazas híbridas, aunque advierte expresamente que no es necesario demostrar la intervención de un Estado para que una movilización produzca efectos propios de una operación híbrida: saturación fronteriza, desorden público, enfrentamiento político y pérdida de confianza institucional.

La frontera física de Ceuta fue la última escena.

La verdadera operación comenzó mucho antes.

En una pantalla.

En un grupo.

En un mensaje.

En alguien que dijo:

“Ahora.”

Ya sabemos que alguien organizó aquella movilización.

Ahora necesitamos saber quién.

Y, sobre todo:

quién sabía lo que estaba a punto de ocurrir y decidió no impedirlo.

Rafael Henares González
Revista Evol