Rafael Henares.

Un llamado urgente desde la humanidad hacia la humanidad

Lo que está ocurriendo en Gaza no es un conflicto, no es una operación militar, no es un enfrentamiento entre dos bandos iguales. Es un asedio, un bloqueo, y lo más grave: un intento sistemático de exterminio contra un pueblo que lleva siglos existiendo, resistiendo y soñando con vivir.

Desde el 2 de marzo de 2025, el Estado de Israel ha intensificado un bloqueo total que impide el acceso a alimentos, agua, energía y ayuda humanitaria, llevando a la población palestina a un estado de supervivencia extrema. Las imágenes, los testimonios, las cifras, ya no pueden ser ignoradas. Esto es un crimen contra la humanidad, y el silencio ya no es neutral: es complicidad.

Cuando no hay pan ni medicinas, la solidaridad se convierte en cuerpo

Ante esta barbarie, han surgido gestos de una lucidez radical: huelgas de hambre, marchas, bloqueos simbólicos, acciones artísticas y desobediencia civil en diversos países. Entre ellas, destaca la acción de Mi Hoa Lee, artista y ciudadana de Barcelona, que ha iniciado una huelga de hambre pública y pacífica para denunciar el genocidio en Gaza y exigir un cambio político real. No se trata solo de un gesto desesperado. Es un acto de dignidad consciente.

Cuando los gobiernos callan, cuando las instituciones se acomodan, la ciudadanía se levanta. Esa es la lección. Y ese es el camino.

¿Quiénes son los responsables? ¿Y quién no lo es?

Es fundamental señalar con claridad:

  • El actual gobierno de Israel, liderado por sectores ultraconservadores y militaristas, es responsable directo de esta masacre.
  • El gobierno español y la Unión Europea, por su inacción y sus relaciones diplomáticas y comerciales con Israel, también cargan con una cuota de responsabilidad política y moral.
  • Pero no confundamos: culpar a todo el pueblo israelí o a la comunidad judía global sería un error y una injusticia.

Hay miles de voces judías dentro y fuera de Israel que están luchando contra esta barbarie, que exigen el cese del fuego, la reconstrucción de Gaza y una paz basada en la justicia.
Son voces valientes que rompen el consenso del miedo y que debemos abrazar como aliadas.

No es una guerra. Es una estrategia de exterminio.

La situación actual en Gaza no es el resultado de una guerra clásica. Es una estrategia de aniquilación hacia la población civil palestina. Es la imposición del terror cotidiano: sin comida, sin agua, sin futuro.
Lo que se pretende es eliminar la posibilidad misma de que ese pueblo continúe existiendo en su tierra.
Y eso es algo que la humanidad no puede ni debe permitir.

Porque no se puede construir un país —como fue el caso de Israel, creado con el aval de la comunidad internacional en 1948— y luego negar ese mismo derecho histórico a otro pueblo originario, que ha vivido allí durante siglos.

Sí es posible la convivencia. Sí es posible la paz.

La convivencia es posible. Lo ha sido y lo será. Judíos, musulmanes, cristianos y laicos han compartido culturas, calles y cafés durante siglos. Lo que impide esa paz no es la diferencia cultural o religiosa, sino la voluntad política de dominación territorial y el uso sistemático de la violencia como herramienta de poder.

No podemos aceptar que en nombre de la seguridad de unos se aniquile el derecho a existir de otros. No hay paz sin justicia. No hay seguridad sin derechos.

¿Y ahora qué? ¿Cómo respondemos?

Desde Evolution Community nos sumamos al llamado por:

  • El fin inmediato del bloqueo a Gaza y el acceso libre de ayuda humanitaria.
  • El fin del comercio de armas y relaciones diplomáticas con Israel mientras continúe la ocupación y el genocidio.
  • El reconocimiento pleno del derecho del pueblo palestino a existir, a vivir y a reconstruir su futuro.
  • El apoyo a todas las acciones pacíficas, simbólicas y estratégicas que están surgiendo en todo el mundo para visibilizar esta causa.

Este es un llamamiento a las conciencias despiertas.
Un recordatorio de que la solidaridad no puede esperar a que todo esté claro. Hay momentos en que hay que actuar a pesar de la niebla, porque lo que está en juego es la vida misma.

La historia nos mirará.
Y cada uno de nosotros tendrá que responder:

¿Qué hiciste tú cuando en Gaza morían niños por falta de pan?