Rafael Henares
El magnetismo que Trump ejerce sobre la ultraderecha global no es casualidad: responde a un patrón de actitudes dictatoriales que cada vez se hacen más visibles en su propio país. Bajo el barniz del populismo y el eslogan de “América primero”, el expresidente ha desplegado una agenda que choca frontalmente con los pilares de la democracia estadounidense.
Militarización interna
Trump ha ordenado en varias ocasiones la ocupación de ciudades por parte del ejército, sobre todo en estados y municipios gobernados por demócratas, donde además hay una gran presencia de población inmigrante. Esta estrategia recuerda a los manuales autoritarios: usar la fuerza contra territorios opositores para mostrar poder y deslegitimar a sus líderes locales.

Ataque a la cultura y la educación
Las dictaduras siempre intentan controlar las ideas. Trump ha arremetido contra las escuelas públicas por los contenidos que transmiten, acusándolas de “adoctrinar” en valores progresistas. Ahora sus ataques se dirigen también a los museos, con el objetivo de moldear la narrativa histórica y cultural a su medida. El patrón es claro: limitar la diversidad de pensamiento.
El Nobel de la Paz como ironía
Mientras endurece su discurso contra inmigrantes, minorías y opositores, Trump ha coqueteado con la idea de conseguir el Premio Nobel de la Paz. Un galardón que contrasta con su estilo político basado en la imposición, el chantaje y la polarización. Su forma de “negociar” es en realidad imponer condiciones y presionar, como lo demuestra su estrategia con los aranceles: castigar primero para forzar concesiones.
Un tercer mandato en el horizonte
El mayor riesgo no está en lo que dice, sino en lo que planea: justificar un cambio de ley para acceder a un tercer mandato. Algo que hoy no es posible en Estados Unidos gracias a las enmiendas que garantizan la alternancia y limitan el poder presidencial. Sin embargo, la narrativa que Trump alimenta —“yo soy la única solución”— busca preparar el terreno para romper con esa garantía democrática.
Estrategia global contra la democracia
Lo que ocurre en EE. UU. no es un hecho aislado: forma parte de una estrategia internacional de quebramiento de la democracia. Al normalizar la intolerancia, debilitar los contrapesos y presentar la perpetuidad en el poder como una “necesidad nacional”, Trump abre la puerta a que otros líderes autoritarios justifiquen lo mismo.
Decirlo alto y claro
La democracia está en juego. No solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Frente a líderes que intentan imponer sin escrúpulos, debemos recordar que la esencia de la democracia es la alternancia, la libertad de pensamiento y el respeto a los derechos fundamentales. Trump ataca estos valores, y por eso hay que denunciarlo alto y claro: lo suyo no es un proyecto político, es una deriva autoritaria que amenaza con convertirse en dictadura.