Ensayo – Rafael Henares

Vivimos en una sociedad centralizada.
La centralización lo absorbe todo: ideologías, religiones, corporaciones, mercados.
Creó al hombre organización, un engranaje al servicio del poder, del sistema, de las empresas que lo sostienen.

El hombre organización recibe y da órdenes, asume jerarquías, defiende leyes, normas y acuerdos… unas veces con fanatismo, otras por puro dogma.
Si no está de acuerdo, intenta imponer su propia versión.
No respeta lo que le incomoda.
Este tipo de hombre está en todos los estratos sociales: seguro en su función, pero ni libre ni feliz.

En 2008 nació oficialmente la era de la descentralización: la combinación de tecnologías que dio origen a la blockchain.
Y con ella, el Hombre/Mujer Blockchain.

La centralización, durante décadas, ha expulsado a millones del sistema.

Es un monstruo que devora a sus propios súbditos.
Necesita dominar mercados, controlar y manipular, moldear las reglas para su supervivencia, siempre en detrimento de la mayoría.
Sin alma, el interés económico lo consume todo y llama daños colaterales a las vidas destrozadas.

El Hombre/Mujer Blockchain es uno de esos expulsados.
Sin empleo.
Sin opciones reales de emprender.
El centralismo les ha arrebatado su espacio económico.

A todos los niveles encontramos personas desanimadas, desinstaladas, sin rumbo.
Sobreviven sin finalidad, sin visión.
Y, de pronto, la blockchain se abre como una puerta: un espacio nuevo, disruptivo, con una visión diferente.

No dudan.
Toman conciencia de que están muertos socialmente.
Nada de lo que saben les sirve.
No tienen valor en un sistema que solo les reserva una cola: la de alimentos, la de una subvención miserable… o ambas.

El Hombre/Mujer Blockchain quiere recuperar su dignidad.
Quiere sentirse útil.
Está dispuesto a aprender, a emprender un nuevo camino.

Está harto de las palabras “Gobierno Central”, “Banco Central”, “Mando Central”, “Mercado Central” o “Central” a secas.
Todas le reducen a un número.
Está a su obediencia, pero no recibe nada a cambio.
Paga… y sigue pagando.

Se cansa de formularios que se pierden en el silencio.
De sentirse controlado sin beneficio alguno.
Está agotado, desbordado.
Y entonces ve en la descentralización una oportunidad: la posibilidad de integrarse en algo vivo, junto a millones como él.

Apuesta por el cambio.
Acepta el riesgo ante la posibilidad de ganar.
La supuesta seguridad le hizo esclavo… y pobre.

Se desprende de las órdenes y transferencias.
Abraza secuencias, protocolos, transmisiones.
Descubre la accesibilidad, las posibilidades, las ganancias… pero sobre todo, la libertad de acción: autonomía para decidir, independencia para actuar sin intermediarios. Empieza a entender el juego.
Mira los mercados con otros ojos.
Ve cómo lo viejo se derrumba, y se integra en la evolución imparable, invariable…
como la Blockchain que ahora abraza.