Del libro ¡Indignaos! de Stéphane Hessel. Publicado en febrero de 2011.

Actualmente mi principal indignación concierne a Palestina, la franja de Gaza, Cisjordania. La fuente de mi indignación es el llamamiento lanzado por los israelíes valientes en la Diáspora: vosotros, nuestros antepasados, venid a ver adónde han llevado nuestros dirigentes a este país, olvidando los valores humanos fundamentales del judaísmo. Me desplacé hasta allí en 20202 y luego cinco veces más hasta 2009. Es absolutamente necesario leer el informe Richard Goldstone sobre Gaza de septiembre de 2009, en el que este juez sudafricano, judío, que incluso se reconoce sionista, acusa al ejército israelí de haber cometido «actos asimilables a crímenes de guerra y quizás, en determinadas circunstancias, a crimenes contra la humanidad» durante la operación Plomo Fundido, que duro tres semanas. En 2009, volví con mi mujer a Gaza -donde pudimos entrar gracias a nuestros pasaportes diplomáticos-, con el objetivo de evaluar con nuestros propios ojos lo que afirmaba el informe. La gente que nos acompañaba no fue autorizada a entrar en la franja de Gaza. Ni allí ni en Cisjordania. También visitamos los campos de refugiados palestinos creados en 1948 por la Agencia de las Naciones Unidas, la UNRWA, donde más de tres millones de palestinos expulsados de sus tierras por Israel esperan un regreso cada vez más problemático. En cuanto a Gaza, es una prisión a cielo abierto para un millón y medio de palestinos. Una prisión en la que se organizan para sobrevivir. Más que las destrucciones materiales, como la del hospital de la Media Luna Roja por la Operación Plomo Fundido, es el comportamiento de los gazatíes, su patriotismo, su amor por el mar y las playas, su constante preocupación por el bienestar de sus hijos, innumerables y risueños, lo que permanece en nuestra memoria. Nos impresionó su ingeniosa manera de hacer frente a todas las penurias que les son impuestas. Vimos cómo confeccionan ladrillos a falta de cemento para reconstruir las miles de casas destruidas por los carros de combate. Nos confirmaron que, durante la Operación Plomo Fundido llevada a cabo por el ejército israelí, los muertos habían sido 1.400 -mujeres, niños y ancianos- en el lado palestino, frente a únicamente cincuenta heridos del lado israelí. Comparto las conclusiones del juez sudafricano. Que los propios judíos puedan perpetrar crímenes de guerra es insoportable. Desafortunadamente, l historia da pocos ejemplos de pueblos que saquen lecciones de su propia historia.

Lo sé, Hamás, que gano las ultimas elecciones legislativas, no ha podido evitar que se lance cohetes a los pueblo israelíes en respuesta a la situación de aislamiento y bloqueo en la que se encuentran los gazatíes. Evidentemente pienso que el terrorismo es inaceptable, pero hay que admitir que, cuando un pueblo está ocupado con medios militares infinitamente superiores, la reacción popular no puede ser únicamente no violenta.

¿Le sirve de algo a Hamás enviar cohetes a la ciudad de Sdérot? La respuesta es no. No sirve a su causa, pero podemos explicar estos actos por la exasperación de los gazatíes. En la noción de exasperación, hay que comprender la violencia como una lamentable conclusión de situaciones inaceptables para aquellos que las sufren. Entonces, podría decirse que el terrorismo es una forma de exasperación, y que esta exasperación es un termino negativo. No deberíamos exasperarnos, deberíamos esperanzarnos. La exasperación es un negativa esperanza. Es algo comprensible, casi diría natural, pero precisamente por eso no es aceptable. Porque no permite obtener los resultados que puede eventualmente producir esperanza.