Por Sergio Dantí Mira 01/2026
Somos altruístas desde mucho antes de inventar la religión. Desde las primeras células.
Sergio Danti Mira
Leo un libro pequeño pero potente: “Én què creuen els que no creuen” (En qué creen los que no creen), traducción del intercambio epistolar instigado por Atlantide Editoriale (Italia) entre un ateo (UMBERTO ECO) y el ARZOBISPO de MILÁN, MARIO MARIA MARTINI, sobre los valores básicos en los que les cuesta ponerse de acuerdo. Ambos, con espíritu abierto, se proponen llegar a las “líneas de quiebre”. Y llegan enseguida, aún sin proponérselo.

Eco comienza dejando una frase interesante: los editores le hacen romper el furgo para que el arzobispo responda: “Quizá la redacción caiga en el cliché banal de pensar que los filósofos son especialistas en formular preguntas de las que no conocen las respuestas, mientras que un pastor de almas es, por definición, el que siempre tiene la respuesta justa.”
Arzobispo: no hay bien sin Dios
Me interesó la tercera carta, enviada por el Arzobispo Martini. La titula: “¿Dónde encuentra el laico la luz del bien?” y en ella se “asombra” de que los no creyentes puedan encontrar una base para tener un comportamiento ético. (La común idea de que sin religión, todos seríamos malísimos y nos mataríamos entre nosotros). Es consciente de haber conocido ateos que han tenido actitudes altruistas, bondadosas; incluso, se han dejado torturar o matar por no traicionar su ética. Pero le extraña que lo hayan hecho sin haber tenido ninguna referencia a) al “Dios Creador”, ni b) al anuncio del Reino de Dios, ni c) a la muerte y resurrección de Jesús, ni d) al Don del Espíritu Santo, ni e) a la promesa de la vida eterna…. Parece ser que el altruismo, la sinceridad, el respeto por los otros, el perdón de los enemigos son siempre un bien, pero: ¿Dónde encuentra el laico la fuerza para hacerles frente, aún ante la tortura y la muerte, si no hay una justificación última?
Responde Umberto Eco
Eco responde primero aglutinando sociedades: todas ellas, sean de donde sean, tienen rasgos comunes: A=A, el arriba y el abajo, hablar, comer, correr, dormir, entristecerse y ser consolado. Ninguna sociedad desea ser privada de estas libertades básicas. Cuando se les impide moverse, con ligaduras en manos o pies, se nos priva de esas libertades esenciales, o se nos desprecia socialmente, sufrimos. Así que su primera definición ética (sin Dios) es que: “el respeto por la corporalidad del otro es un principio humano elemental”. O sea: excede la idea de Dios. Y la ciencia nos dice que necesitamos de la mirada del otro para saber quiénes somos, para reconocernos.

Umberto Eco se pregunta: ¿Y cómo es que hay comunidades que aceptan el encierro, la tortura, el canibalismo o el exterminio de otros pueblos? Y se responde: cuando el concepto de “otro” se restringe a su propia comunidad”
Ejemplos abundan, pero por ir a los más cercanos: las leyes nazis (escritas y estudiadas por los abogados de entonces) explicitaban que los pueblos eslavos eran inferiores y por lo tanto, podían ser sus esclavos y no era tan grave matarlos o humillarlos. Eran infrahumanos. Humanos “incompletos”, dado que los “buenos” eran los arios. Los eslavos, estaban al nivel de los animales. Los judíos, nisiquiera: al nivel de los insectos, cucarachas, etc. Escrito en las leyes de entonces, que todo alemán debía cumplir. Los judíos eran “otros”. Como ahora lo son los palestinos para los sionistas. Mejor matarlos y humillarlos ahora que son jóvenes. Sin culpa. No son humanos “como nosotros”.
Y por aquí deja su respuesta Eco.
Pero nosotros decidimos ser más científicos y profundizaremos a un nivel más elemental. Como un eco a Eco.
La Ética mucho antes de la invención de Dios
Los animales (normalmente ateos) nos dan ejemplos de altruismo constantemente. De sacrificios personales para el bien de su descendencia o de la manada… Madres animales que exponen sus vidas para defender algún cachorro, el búfalo que se da la vuelta y cornea al león. Y luego otros le imitan y plantan cara: ¿Protegen a su familia? ¿A su especie? ¿A su manada? ¿A su grupo? ¿A sus genes? Los pingüinos machos, en el invierno de -50º en la Antártida, se ponen en la parte exterior de la gran concentración de miles de ellos para mantenerse calientes. Y cada tanto son reemplazados por otros y así se mantienen todos con vida, pese a que los de afuera han de poner el cuerpo contra el viento, la nieve y el frío absoluto. Ninguno de estos animales cree en Dios ni conoce los diez mandamientos. Y están arriesgando su vida por algo más alto que su vida individual: el grupo. La Vida misma.
Y vayamos más lejos, viajando en microscopio.
La biología contemporánea nos da ejemplos: en organismos unicelulares (bacterias, arqueas, levaduras), se observan comportamientos que la biología evolutiva define como altruistas: acciones que reducen la supervivencia del individuo pero aumentan la supervivencia del grupo.
Muchos ejemplos: Los paramecios: dos individuos se unen y se intercambia material genético, beneficiándose ambos al aumentar su variabilidad genética y potencial adaptativo. La Salmonella: En algunos casos, bacterias de Salmonella se “suicidan” provocando una inflamación en el intestino del huésped que elimina a la competencia (otras bacterias), permitiendo que el resto de su colonia prospere. Hay células que se autodestruyen para fortalecer la biopelícula que defiende a todo el grupo, que les dan su cuerpo como alimento… (No me extiendo pero quien se interese por la biología, puede hacerlo muy fácilmente)
No hay intención, ni conciencia, ni moral, ni promesa de un mundo mejor, ni ritual que les consuele. Se sacrifican por los demás. Sin cruz. Podéis profundizar en estos comportamientos, que son muy interesantes.
CONCLUSIÓN
Dios no es necesario para que exista el altruismo, el bien, la solidaridad en el mundo, tanto el de los hombres como el de las bestias, como el de los unicelulares. Las características humanas (sociales) que más apreciamos y nos definen, que son 1. Empatía y 2. Solidaridad, surgen de las profundidades biológicas de la materia viviente. No nos son “inoculadas” “desde arriba” por un señor que vive en el cielo.
Por consiguiente, la pregunta del Cardenal no debería ser “¿Dónde encuentra el ateo la Luz para hacer el Bien?, sino: ¿Por qué a “algunos” se les ocurre que son “ellos” los que -mediante “SU” dios- siembran el bien donde no lo había? Siendo que desde mucho antes de que existieran los dioses, inclusive el suyo, los unicelulares de los que nace la Vida ya eran colaboradores, sensibles, empáticos y solidarios… ¿Por qué se han apropiado de la característica más humana de la Vida y la exhiben como si la hubieran inventado ellos y la repartieran graciosamente a quienes lo juzgan correcto?
Para mí, perdió el Cardenal Mario Maria Martini…. Y dejo científicamente, marxistamente, biológicamente reforzada la victoria del ateo Umberto Eco.
¿Estás de acuerdo?
Sergio Dantí Mira