Rafael Henares.
En las últimas semanas, coincidiendo con la Vuelta Ciclista a España, se han producido manifestaciones en favor de Gaza en varias etapas. Algunas derivaron en incidentes, lo que inmediatamente generó un terremoto mediático y político.
Mientras en las carreteras se levantaban pancartas que pedían el fin del exterminio, en el Congreso la derecha parlamentaria acusaba al presidente Sánchez de ser el “inductor” de esas protestas, solo porque el Gobierno español había tomado medidas de bloqueo contra Israel en protesta por sus acciones militares en Gaza.
La coincidencia temporal fue aprovechada como arma política: se obvió lo esencial —la masacre en Gaza— para cargar contra un gobierno que, guste o no, se ha colocado en la primera línea internacional denunciando lo que allí ocurre.
Entre la demagogia y la humanidad
El primer ministro de Israel, acusando al presidente Sánchez de emitir amenazas genocidas hacia Israel. Pocas veces se ha visto semejante ejercicio de demagogia: acusar de genocidio a quien denuncia un genocidio.
Mientras tanto, miles de palestinos son asesinados en Gaza, víctimas de una política de expansión y aniquilación. La respuesta a quienes denuncian estos hechos siempre es la misma: “están en contra del pueblo de Israel”. Nada más falso.
Quienes se manifiestan por Gaza no lo hacen desde una identidad política o religiosa. Lo hacen desde algo más profundo: la condición humana. Piden paz. Y pedir paz no es estar “a favor de unos y en contra de otros”: es estar a favor de la vida.
La indignación selectiva
Podemos entender que cualquier gesto de Pedro Sánchez sea utilizado por la oposición para criticarlo. Es política. Pero lo indignante es la asimetría moral: se condena su posicionamiento, pero no se condena la matanza diaria en Gaza.
¿Qué esencia humana queda en quienes actúan así? ¿A quién representan?
Mientras el ministro de Exteriores de EE.UU. visita Israel para ofrecer respaldo al gobierno de Netanyahu, el Gobierno español es criticado dentro y fuera por alzar la voz. Y, sin embargo, la historia juzgará. Y lo hará con claridad: quienes callaron, quienes justificaron, quienes miraron a otro lado, estarán en el lado oscuro de la memoria.
Gaza: un campo de concentración moderno
Hoy Gaza no es otra cosa que un campo de concentración a cielo abierto: bloqueada, aislada, condenada a la miseria y a la muerte. Cada día caen más víctimas inocentes, sobre todo niños y mujeres.
Frente a esta realidad, las protestas en la Vuelta Ciclista pueden parecer anecdóticas, incluso molestas. Pero en su aparente irrelevancia cumplen un papel crucial: rompen el silencio.
Vueltas ciclistas tendremos muchas más en el futuro. Pero las vidas que se pierden cada día en Gaza no se recuperan jamás.
Conclusión
Quienes se indignan más por una protesta en una etapa ciclista que por el asesinato de miles de inocentes muestran su verdadero rostro: indiferencia, racismo extremo, ausencia total de humanidad.
Por suerte, cada vez más personas en todo el mundo se suman a los actos de solidaridad con Gaza, pidiendo el fin de esta guerra desmedida, desproporcionada y atroz.
Porque lo humano, siempre, estará del lado de la vida.