Durante la Segunda Guerra Mundial, Irena obtuvo un permiso para trabajar en el gueto de Varsovia como fontanera. Pero sus planes iban más allá… Siendo alemana, conocía los planes nazis respecto a los judíos.

Irena escondía niños en el fondo de su caja de herramientas y llevaba un saco de arpillera en la parte trasera de la furgoneta (para niños más mayores).

También tenía un perro en la parte trasera del camión, al que había enseñado a ladrar a los soldados nazis cuando entraban y salían del gueto. Por supuesto, los soldados no querían tener nada que ver con el perro y sus ladridos taparían cualquier ruido que pudieran hacer los niños.

Gracias a que pudo mantener ese trabajo, logró rescatar y salvar a unos 2.500 niños.

Finalmente, los nazis la capturaron. Se enteraron y el 20 de octubre de 1943, Irena Sendler fue arrestada por la Gestapo y llevada a la infame prisión de Pawiak, donde fue brutalmente torturada.

Ella, la única que conocía los nombres y las direcciones de las familias que alojaban a niños judíos, soportó las torturas y negó haber traicionado a sus colaboradores ni a los niños escondidos. Le rompieron los huesos de los pies y las piernas, pero no pudieron quebrar su determinación. Aun así, una vez recuperada, fue condenada a muerte.

Mientras esperaba la ejecución, un soldado alemán se la llevó para “interrogarla más a fondo”. Al salir le gritó en polaco: “¡Corre!”.

Aun esperando recibir un disparo por la espalda, Irena corrió por una puerta lateral y escapó, ocultándose en callejones cubiertos de nieve hasta estar segura de que no la seguían. Al día siguiente, ya refugiada entre amigos, Irena encontró su nombre en la lista de polacos ejecutados que los alemanes publicaban en los periódicos.

Los miembros de la organización Żegota (“Rescate”) consiguieron detener la ejecución de Irena sobornando a los alemanes e Irena continuó trabajando bajo una identidad falsa.

Irena mantuvo un registro con los nombres de todos los niños que logró sacar del gueto, guardado en un frasco de vidrio enterrado bajo un árbol en su jardín.

Después de que terminara la guerra, trató de localizar a los padres supervivientes y reunir a las familias. La mayoría habían sido llevados a las cámaras de gas. Para aquellos que habían perdido a sus padres, ayudó a encontrar hogares de acogida o padres adoptivos.

En 2006, la propusieron para recibir el Premio Nobel de la Paz… pero no fue seleccionada. Quien lo recibió fue Al Gore por su campaña sobre el calentamiento global.

Lo aporto como mi granito de arena reenviando este mensaje.

Han pasado 80 años desde que terminó la Segunda Guerra Mundial en Europa.

Este correo electrónico se enviará como una cadena conmemorativa, en memoria de los 6 millones de judíos, 20 millones de rusos, 10 millones de cristianos (incluidos 1.900 sacerdotes católicos), 500.000 gitanos, cientos de miles de personas con discapacidades físicas y psíquicas asesinadas, masacradas y violadas, hambrientas y humilladas, mientras la gente del mundo a menudo miraba hacia otro lado…

Ahora, más que nunca, con el racismo en aumento, es imperativo garantizar que el mundo nunca olvide a personas como Irena Sendler.

La intención de este articulo junto con millones de correos, es llegar a 40 millones de personas en todo el mundo.

Sé un eslabón más en esta cadena conmemorativa y ayuda a distribuirla por todo el mundo… Por favor, envía este enlace a personas que conozcas y pídeles que a su vez lo reenvíen.

Irena Sendler

La razón por la que rescaté a los niños se origina en mi hogar, en mi infancia.
He crecido con la creencia de que una persona necesitada debe ser ayudada con el corazón, sin importar su religión o nacionalidad.

Irena Sendler