Una historia sagrada, una tragedia repetida

Durante siglos, el pueblo judío ha cargado con un peso descomunal: persecución, diásporas, pogromos, y finalmente el Holocausto, uno de los episodios más brutales y vergonzosos de la historia humana.
Y sin embargo, de ese dolor profundo emerge una fuerza de reconstrucción increíble, que llevó a la creación del Estado de Israel en 1948. Un refugio. Un símbolo de supervivencia. Un intento de justicia histórica.

Pero algo se ha torcido.

Israel: ¿defensa o dominación?

Desde su fundación, Israel ha estado rodeado de enemigos. Eso no se puede negar. Su política de defensa nació de la necesidad.
Pero con el paso de las décadas, esa defensa legítima ha mutado en una política beligerante, expansionista y cada vez más desproporcionada, especialmente hacia los palestinos y sus vecinos.

Y ahora, con el estallido de una nueva guerra con Irán —una bomba de relojería que se ha activado tras años de amenazas mutuas—, la pregunta ya no es táctica, es ética:

¿En qué momento el pueblo que clamó por justicia se transformó en máquina de poder sin límites?

El pueblo elegido… ¿para qué?

La Biblia habla del pueblo judío como “el pueblo elegido”.
Pero elegido no para dominar, sino para ser luz para las naciones, ejemplo de justicia, sabiduría, compasión.
¿Dónde quedó eso?

Hoy, el Estado de Israel se muestra al mundo con rostro de dureza, con desprecio hacia pueblos vecinos, y con un ultranacionalismo creciente que se parece demasiado a los movimientos que un día lo despreciaron.

El ciclo se repite. Pero ahora con papeles cambiados.

¿Otra guerra mundial en el horizonte?

La guerra con Irán no es solo un enfrentamiento regional.
Es una chispa en un polvorín. Implica alianzas, intereses geopolíticos, tensiones religiosas y poder nuclear.
El riesgo de una escalada es real, y lo peor es que podría involucrar a medio planeta por intereses cruzados.

Y todo eso por una dinámica sin freno donde cada ataque justifica el siguiente, y cada defensa se convierte en pretexto de conquista.

¿Qué piensan los judíos del mundo?

La mayoría de los judíos en la diáspora no viven en Israel. Muchos son personas pacíficas, intelectuales, artistas, activistas por la justicia.
¿Pueden estar de acuerdo con la línea militarista del gobierno israelí actual?

Si realmente aman su historia, su cultura y su legado, deben preguntarse:

¿Qué nos queda si nos convertimos en lo que un día juramos nunca permitir?

El Muro de las Lamentaciones

Siguen rezando en el Muro. Pero… ¿quién escucha si las manos que oran también empuñan armas?
¿Dónde quedó el espíritu de compasión, la humildad del exilio, la esperanza de convivencia?

Conclusión

La historia de Israel debería ser un canto a la resiliencia, no una repetición trágica del poder que aplasta.
Hay un momento en que las víctimas deben decidir si sanan… o si se transforman en nuevos opresores.

Hoy el mundo necesita que los pueblos sabios, como el judío, recuerden el valor de la paz, de la memoria limpia y de no contagiarse del odio que un día los quiso destruir.

Rafael Henares

Junio de 2025